Sucedió todo muy rápido. Apenas me dio tiempo a festejar o consolar a los que me acompañaban. Tal vez porque no soy tan cercana a ellos o porque lo que deseaba era subir a mi casa y agradecer al ¿Tiempo? Curioso que este monstruo personal, la personificación de una obsesión, llegue a transmigrar hasta convertirse en la parodia de un superhéroe espiritual (e invisible) que me salvó la vida.
Caía la tarde húmeda de principios de octubre e íbamos caminando a nuestras respectivas casas, luego de un breve encuentro en la Plaza de Armas, cuando Jesús me preguntó que si necesitaba ayuda con mi maletín del trabajo, que me veía incapaz de cargarlo. Vale, le dije. Se lo di sin considerar cualquier cosa, salvo el alivio que sentiría. Lo agarró y miró a Lucy y Cathy, las chicas, y les hizo un ademán jocoso y rieron. Realmente tenía el pensamiento en otro lado así que no presté mucha atención a si había un chistecito envuelto. Caminamos haciendo la pequeña charla en torno al clima, el liquidito apestoso que tira el camión de la basura, la reunión de vecinos de mañana, lo ordinarias que eran las madres en sus SUV's, que apenas cabían por las aceras, y ocacionaban tapón frente al cuido de sus pequeños, entre otros asuntos de trascendencia.
Por la Calle Cruz, a la altura del cuido de niños, Pablo se despidió de nosotros y le dijo algo a Jesús. Yo seguí andando junto a Lucy y Cathy por la Luna, acera siniestra, y en dirección a San Justo. A mitad de calle nos volvimos las tres a mirar a los chicos que seguían en su secreteo, pensé: joder quiero llegar a casa y ahora la amabilidad de Jesús me atrasa. Jesús se despidió de Pablo, se impulsó y nos alcanzó a mitad de camino, haciéndonos continuar a todas a ritmo lento, como sin fuerzas. Será la hora o el clima, ¿por qué coño caminábamos tan lentos? Llegué a pensar que Jesús también era torpe cargando mi maletín y que por eso nos demorábamos tanto. Puedo jurar que no había acabado de resolver mi pensamiento cuando de repente escuchamos el más estruendoso ruido seguido por la imagen de una señal de PARE sobrevolando en trayectoria elíptica sobre nuestras cabezas. El zafacón municipal que apenas llevaba un mes de instalado en una base soterrada en la acera se arrastró livianamente, parecido a una envoltura confitera, pegando varias veces sobre los adoquines y rebotando frente a nuestros ojos. Cual desfile de chatarra, la última entrada la hizo una guagüita Rav 4 bajó que bajó raudamente la cuesta San Justo a la altura de nuestras rodillas en la Luna. El pequeño auto continúo barriéndose siniestramente, la conductora se descontroló, pero la suerte la cobijó hacia la acera diestra, justo en la entrada del estacionamiento del edificio Los Pisos, justo donde vivo. Dio una estrepitosa vuelta 180º e impactó un carro "inocente" y desprovisto de conductor.
El carro libre de carga personal saltó a la acera contraria y todos, pero que todos los vecinos salieron al balcón a ver lo sucedido. Fue bien impresionante. Parecía como si los responsables del faccioso incidente fuéramos nosotros cuatro, que aún no habíamos recobrado nuestro aliento por la impresión. Nos preguntaban desde los balcones si estábamos bien. jesús estaba pálido y me repetía: "Tócame el corazón, tócalo, tócalo...pudimos haber sido nosotros los muertos". Mi respuesta un poco incrédula y sarda fue: Jesús aquí no hubo muertos. Pero él insistía: "Sí está bien, pero cuatro segundos antes y esa tipa nos llevaba enreda'os". Tenía razón, así pudo haber sido.
Para mí, escuchar que los vecinos te pregunten tantas veces que si estás bien y ver a Nelly que daba instrucciones en bata de baño fue lo suficientemente sobrecogedor para decidir esconderme en mi casa y dejar la escena atrás. La novia de Lucy insistía en que si Pablo no hubiese detenido a Jesús esos 15 segundos en la otra cuadra, yo no estaría contando esto.
Fue bien caótico, sí, mas estoy convencida de que la duración de toda la escena le arrojó un mayor marbo comunal: solo fueron 30 segundos. Mi presencia en la escena fue sólo de un minuto y medio. Me desentendí de las consecuencias legales (si alguna) y de los roles de testigo ocular y subí a mi casa a jugar con Wasapi, la gata suicida. Miré desde el balcón a los demás, como si yo hubiese estado ajena al accidente, extraña a la cara de esa pobre chica al volante, Paloma, que tapaba su cara mientras lloraba desconsoladamente. Bajaron todos: los Marxuach, los Rosario, las Cartagena, los solitarios como Luis, Amanda y Doña Gloria. Fue jevi.
En un intento por alejarme del azaroso escenario, me puse a barrer y recoger la mierda de mi gata. Mientras lo hacía, de vez en cuando echaba un ojo al cuadro de las cuatro calles desde mi balcón. Me parecía gracioso ver cómo todos se unían y comentaban lo sucedido; algunos conjeturaban, otros se acercaban a la escena ávidos de la dosis de histeria y el junte colectivo. Con ese aire de "superioridad" que te da vivir en un cuarto piso, a 70 pies de altura, mirando sin que te observen, decidí depositar la arenilla de la mierda en la basura, pero mi torpeza me lo impidió haciendo que toda la caca y la basura me cayeran en los pies. Miré lo sucia que estaba y lo zopenca que era por estar temblando y brincando por heces gatunas que reventé en un llanto raro: dulce y amargo a la vez. Creo que celebré la miseria de la vida de una manera extraña, con mierda en mis pies.
Foto por RaFe FranSteev


3 comentarios:
Me encanta la manera tan perfectamente extraña con que cuentas lo que pudo haber sido el fin de algo...de pronto el tuyo ;-)! Besos!
las esquinas siempre nos obligan a reflexionar.
esa foto es esquina calle luna y san justo verdad??? ese edificio hacen muchos años atras antes de que lo remodelaran, casi reconstruido por completo era una ruina super exagera, me acuerdo que una vez me meti con unos amiguitos (tendria yo como 5 años) habian escaleras a medias por dentro y plantas creciendole a los escalones. Fuimos subiendo por una de las escaleras, sin considerar lo fragiles que estaban, cuando raul uno de mis amigos piso y como en las peliculas derrumbo el escalon y quedo guindando, de la nada, salio este deambulante gigantezco que le decian Efrain, brinco la escalera de arriba hacia abajo agarro a Raul y lo saco, nosotros tan cagaus ni le dimos las gracias y salimos corriendo.
Ese edificio incluso ahora me da miedo. En especial por que tiene parking y el que tiene parking en San Juan no sabe lo que es San juan en realidad.
:)
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